viernes, 18 de abril de 2014

Debate 2.1. ¿Juicios expertos o juicios democráticos?

Bien es cierto que expertos y resto de participantes en evaluación se encuentran en diferentes dimensiones, los primeros en la realidad ideal y los segundos en la realidad actual. Sin embargo, es la misma evaluación la que tiene el poder de acercarlos, en tanto que actividad pedagógica con gran capacidad de mejora de la acción educativa.
 
Para que un juicio sea realmente equitativo, teoría y práctica (expertos externos y participantes directos del programa) se han de fusionar. Y esto únicamente es posible  a través del trabajo cooperativo, con una implicación igualitaria, desde la complementariedad metodológica y una conciencia común acerca de la actividad evaluadora: crear una auténtica “cultura evaluativa”.
 
En Compromisos de la Evaluación Educativa, coordinado por Castillo Arredondo (Madrid, 2002), se habla de una evaluación comunitaria que ha de ser: Profesionalizadora (formadora, optimizadora de aprendizaje, currículum y organización), Consensuada (deseada, asumida y comprometida), Paricipativa (implicadora, responsable, vinculante) y Contextualizada (territorial, etnográfica, eficiente). Todo ello integrado en los planteamientos institucionales.
 
Estoy de acuerdo en que cada persona (alumno) es única y que junto con el resto de personas de su comunidad forman una realidad también única. Sin embargo, la velocidad del proceso de globalización (económico, tecnológico, pero también social y cultural) está generando una cultura común, sobre todo a través del mundo virtual. De manera que si la educación es un proceso de socialización que nos vincula por medio de ideas, cultura, conocimientos, etc., me parecen acertados para la mejora constante programas de evaluación como PISA (Programme of International Students Assessment) que comparan resultados entre sistemas educativos de distintos países. Las competencias mínimas son un ejemplo de la búsqueda de homogeneidad

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